Reflexiones sobre la exposición de Edmundo Acevedo

Por Nicolo Gligo V.

La exposición realizada en la Academia Chilena de Ciencias Agronómicas por el Prof.  Edmundo Acevedo sobre captura de carbono, dejó entrever la necesidad de tratar de relacionar mucho más lo micro con lo meso y lo macro y, además los procesos productivos con las determinantes y condicionantes que expliquen los comportamientos actuales y den algunas luces sobre donde hay que innovar las políticas y las investigaciones. Al respecto se exponen algunas reflexiones.

Sobre la revolución verde 

En primer lugar, habría que aclarar que, por algunas afirmaciones existiría una división entre los partidarios de la revolución verde y sectores contrarios. El debate no es ese. No cabe duda que la llamada revolución verde ha sido un proceso de extraordinaria repercusión en la agricultura del mundo, y sin ella habría muncho más hambre en el planeta.

La «revolución verde» estuvo dirigida principalmente hacia las explotaciones agropecuarias medianas y grandes. A mediados del siglo veinte,  muchos latifundios tradicionales se transformaron en empresas modernas rompiendo su integración estructural con el minifundio y con los pueblos rurales.  La menor demanda de mano de obra, producto de la modernización, repercutió en el sector campesino.  El déficit de oferta de trabajo se tradujo en menos ingresos para el campesino que actuaba como subproletario del latifundio o que participaba en el proceso productivo a través de  formas de subtenencias ligadas al latifundio.

La transformación de los últimos sesenta años estuvo signada por dos vertientes  de diversos orígenes. Por una parte, la penetración de formas de dominio transnacional ligadas principalmente a la comercialización de insumos tecnológicos y al comercio de tecnologías. Por otra parte, le reforma social, derivada de las reivindicaciones del sector campesino que incidieron en una transformación estructural profunda que cambio varios de los actores productivos existentes en el agro chileno y, por ende, sus racionalidades de usos de los recursos naturales.

La llamada “revolución verde” no fue sino un proceso de modernización sobre la base de modelo predominante de generación, difusión y adaptación tecnológica. Los progresos científicos generaron nuevas tecnologías, tanto genéticas como de manejo, que levantaron en forma significativa los rendimientos de los cultivos. La modalidad de desarrollo agrícola adoptada  en la última mitad del siglo veinte se basó en  la creación de un material genético de alta productividad que demandó  un paquete tecnológico orientado a una alta artificialización de los ecosistemas.

Pero, al margen de este efecto, habría que llamar la atención de lo que se llamó los “problemas de segunda generación de la revolución verde”. El proceso de transnacionalización, de gran auge entre los decenios 50 y 90, se vertió hacia la apropiación de los excedentes generados tanto en el proceso de generación como de adopción, adaptación y difusión tecnológica. Ello se tradujo en la penetración de un modelo tecnológico ligado a los procesos de comercialización de insumos y productos.

Los cambios estructurales, no fueron contradictorios con los postulados de la revolución verde, sino al contrario, en la mayoría de los casos, fueron absolutamente coherentes con estos. Mucho del desarrollo capitalista del campo chileno no se podría haber realizado sin antes se hubiese tenido una profunda transformación del complejo latifundio-minifundio.

La formación científica no estuvo al margen de estas influencias. Muchos profesionales chilenos se vertieron en las fuentes fundamentales del conocimiento, los países desarrollados, los que cual más cual menos también habían redireccionado sus enseñanzas en función de la penetración transnacional.

En consecuencia, las principales objeciones que aparecen en las bibliografías no están orientadas a cuestionar los avances ni a desconocer sus tremendas repercusiones, sino a que el conocimiento y el comercio generado por los bienes creados fueron orientadas por estas transnacionales. Ello redujo el modelo tecnológico a un paquete genético-sistemas de cultivo-maquinaria- hormonas-plaguicidas como si la oferta ambiental fuera homogénea y los sistemas de tenencia fueran muy similares.

Se ha creado, de esta forma, una serie de circuitos de progresos tecnológicos, ligados a intereses foráneos, y en ello han tenido mucha importancia las fuentes de financiamiento externo de la ciencia, dirigido, en muchas ocasiones, al conocimiento necesario para introducir una determinada tecnología. Se ha perdido autonomía para definir los patrones de producción, de consumo y de distribución y los modelos de desarrollo científico y tecnológico han sido coherentes con esta pérdida de autonomía.

Los cambios de paradigmas

Todo lo anterior podría seguir navegando en aguas tranquilas si no hubiésemos estado presenciando notables cambios de paradigmas sobre el desarrollo agrícola mundial y chileno. Quizás con algunos ajustes científicos y mayor preocupación sobre las áreas no altamente productivas del país la agricultura podría seguir haciendo su aporte tradicional.

Es obvio que continúan las presiones para seguir aumentando la producción de alimentos y este es un desafío prioritario. Pero el cambio del paradigma pasa del “aumento de la producción” al “aumento de la producción con sustentabilidad ambiental”. Y este desafío no es menor, pues significa un esfuerzo para cambiar sistemas e internalizar costos físicos y ambientales que anteriormente no se consideraban.

Muchos de los productos agrícolas nacionales llevan incorporado una cierta cosecha de los agrosistemas que los produjeron. Las tasas de erosión del suelo chileno son altas y no se prevén cambios ni a corto ni a mediano plazo. El agotamiento de nutrientes sigue siendo considerado una externalidad. También, hasta hace poco la disminución de ciertos insumos como el agua, no era una preocupación internalizada.

Pero el desafío de la sustentabilidad es mucho más complejo ya que las nuevas tecnologías  se traducen en una mayor artificialización de los agrosistemas, y por ende, mayor preocupación sobre los efectos de ellas. El paradigma se complejiza entonces, pues está sometido a la irrupción de cambios tecnológicos constantes de tasas absolutamente inéditas.

Más sustentabilidad

Por ello, que la preocupación por la necesidad de retener o de fijar carbono se convierte en una preocupación básica de la sustentabilidad de la agricultura. Pero, ¿cómo hacerlo en el contexto de la actual tendencia de la agricultura chilena, cuándo el nuevo paradigma aún se mantiene muy lejos de los productores? ¿Cómo hacer que se modifiquen las políticas, los planes y los estímulos para modificar la situación actual?

Habría que analizar dónde están los nudos claves de estos procesos: El prof. Acevedo le ha manifestado a la audiencia que es un hecho la pérdida de carbono con los métodos tradicionales y que los métodos de labranza cero sólo serían eficientes si se terminara con la quema de rastrojos. Pero si ello se hace es debido a que los beneficios privados derivados de la eliminación  y las consecuencias secundarias de eliminar rastrojos no son coherentes con los beneficios sociales producidos por la retención de carbono evitando las quemas.

En otras palabras, es más rentable y tiene beneficios para el productor quemar el rastrojo  que mantenerlo. Y esto por una razón relacionada con los horizontes de planificación. En casi todas las temáticas relacionadas con la sustentabilidad, la maduración de acciones en pro del medio ambiente es a muy largo plazo, muy diferente a la del productor que es generalmente de muy corto plazo. El productor, muchas veces agobiado por la rentabilidad de su explotación no considera el largo plazo más allá que esté consciente o no lo esté de los efectos positivos que tendría tomar una solución más sustentable.

En consecuencia, el primer desafío está en concebir una política en donde exista el interés del productor para internalizar una medida de corto plazo, Y esa política hay que buscarla entre los estímulos económicos derivados de subsidios, desgravámenes etc.

Después de la exposición del Prof. Acevedo se discutió largamente sobre la necesidad de poseer una maquina que pudiese esparcir para incorporar de algún modo los rastrojos. Más que discutir sobre ello, creo que hay que exponer algunas enseñanzas que de ello se deriva.

En este caso hay que reflexionar sobre el tema de las tecnologías que importamos (y apagamos royalties) en el país. Lo que se hace normalmente es “adoptar” una tecnología. El problema, a veces no es sólo “adoptar“ sino  “adaptar” la tecnología.

Mucho han discutido los expertos sobre el uso (y a veces el abuso) de tecnologías exógenas, en contraste con las tecnologías endógenas. Esa es una dicotomía inadecuada. Da lo mismo que una tecnología sea producida afuera o adentro, sea totalmente adoptada o trasformada y adaptada. Lo importante es que las “decisiones sean endógenas”, que sepamos adoptar o adaptar o incluso crear una tecnología.  Para ello necesitamos desarrollar la ciencia. Sin ciencia no tendremos decisiones endógenas, y el país gastará importantes recursos trayendo tecnologías inadecuadas

Pero no hay que olvidar la realidad de Chile. La tendencia del desarrollo de las ciencias en  está signada por las demandas de conocimiento científico generadas del desarrollo tecnológico. De allí se deriva también la asignación de recursos para el desarrollo científico. Mucha ciencia se hace siempre y cuando sea necesaria para la adopción o adaptación de una determinada tecnología. Es decir, que por lo general, el modelo de desarrollo científico se construye a partir de la demanda del desarrollo tecnológico.  La pérdida de la importancia relativa de la ciencia y los recursos asignados a ella frente al auge de la tecnología y sus recursos lleva irremediablemente a errores tanto en el uso de los recursos financieros como en la gestión del desarrollo

Además, los principales desafíos de estrategias y  políticas científicas para un desarrollo agrícola que tenga incrementos productivos y a la vez  sustentabilidad ambiental, radican en nuevas y más profundas investigaciones sobre el patrimonio natural, no en término de dos o tres recursos, sino en términos del pleno conocimiento de los atributos y comportamientos de los ecosistemas, para poder detectar qué nuevas posibilidades de desarrollo existen. Hay grandes lagunas de conocimiento científico que hay que rellenar.

Paralelamente, es necesario investigar sobre  comportamientos sociales alternativos, en función de nuevas forman de uso de los recursos naturales que hagan más armónica la relación de la sociedad con su entorno físico.

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